Los sitios de Girona de 1808 y 1809

Traducción del artículo aparecido en el gerundense Diari de Girona en 20/7/2008

La guerra de sitios y sus mitos

Genís Barnosell (profesor de historia contemporánea en la Universidad de Gerona)

Durante la guerra de 1808 – 1814, se produjeron en las comarcas gerundenses un gran número de pequeñas escaramuzas y unas cuantas batallas campales, pero la característica fundamental del enfrentamiento en estas tierras fue sin duda la guerra de sitios. Ésta se producía cuando un ejército con inferioridad de condiciones se refugiaba en una fortaleza o ciudad amurallada para hacer frente a un ejército superior. Entonces, éste se situaba en las afueras y los invitaba a rendirse. Si eso no se producía, empezaba la excavación de trincheras y la instalación de su artillería para bombardear la ciudad. Con el bombardeo se quería acobardar a los resistentes, desmontar su artillería y derribar las murallas. Una vez alcanzado este objetivo, se asaltaba la ciudad con la infantería a través de las brechas abiertas en las murallas, hecho que implicaba un número elevadísimo de bajas si dentro de la ciudad aún resistían unos cuantos defensores -hecho que muestra una vez más el enorme desprecio que los oficiales, normalmente nobles o acomodados, sentían hacia la tropa, plebeya o pobre. Los sitiados, desde dentro de la ciudad, intentaban retrasar las tareas del ejército asaltante, esperando que la llegada de refuerzos exteriores permitiera levantar el sitio.

En las comarcas gerundenses se dieron un gran número de sitios y, además, uno de ellos -el de Gerona durante los meses de mayo y diciembre de 1809- merece ser contado entre los más largos de todas las guerras napoleónicas. El importante número de asedios que se dieron en aquellos años se explica por el elevado número de puntos fortificados que protegían la tradicional ruta de entrada a la Península: Roses (con su ciudadela y el Fuerte de la Trinitat), Figueres (con Sant Ferran), Girona (“llave” tradicional de la ruta), y Hostalric (a medio camino de Barcelona). A excepción de Sant Ferran, ninguna de estas fortalezas se entregó sin combatir y eso implicó que el ejército francés las tuvo que tomar después de sitiarlas y bombardearlas. Roses resistió un primer ataque en julio de 1808 y se rindió el 6/12/1808 después de un asedio de un mes. Gerona resistió un ataque el 20/6/1808 y un primer sitio que tuvo lugar entre el 22/7 y 17/8 de 1808, y no capituló hasta el 10 de diciembre de 1809, después de un segundo sitio de siete meses. Hostalric fue evacuado por la guarnición española el 12/5/1810, después de resistir cuatro meses y del saqueo de la villa en noviembre de 1809. Sant Ferran cayó sin disparar un solo tiro en marzo de 1808 pero fue recuperado por los resistentes catalanes con un audaz golpe de mano en abril de 1811. Entonces los franceses asediaron el castillo y lo volvieron a tomar en agosto.

Ya he dicho que entre todos los sitios, el que quizás merece más atención es el de Gerona de 1809, a causa de su larga duración, que exige una explicación compleja. Para darla, hay que hablar antes de los mitos que se han construido sobre aquellos hechos. Durante muchos años, un grupo de autores que va de Manuel Cúndaro en la primera mitad del siglo XIX a Emili Grahit a finales del mismo siglo, o Pla y Cargol en el siglo XX -o Carles Rahola en no pocos aspectos- coincidieron en una serie de interpretaciones que ahora se demuestran totalmente inadecuadas para entender la realidad. En síntesis, se sostenía que Gerona era una plaza fuerte indefendible, que el pueblo gerundense y el ejército se mostraron siempre unidos, y que (como sustituto de las murallas y los fuertes, que no eran suficientes) los gerundenses mostraron un coraje casi sobrenatural que permitió resistir durante muchos meses al mejor ejército del mundo.

Sin embargo, la realidad era bastante más compleja. Así, si bien es cierto que las murallas medievales de Girona eran claramente anticuadas, la geografía del lugar implicaba que el ataque sólo fuera posible por la zona del Mercadal o por Montjuïc. La amenaza de riadas -cómo efectivamente ocurrió- y el fácil acceso desde el camino de Barcelona desaconsejaron a los franceses el montar su artillería en la zona comprendida entre Fornells y el Ter, de manera que sólo les restó la posibilidad de atacar por Montjuïc. Eso situaba el grueso de sus almacenes sobre su línea de comunicación con Francia, y el Ter serví de línea de defensa contra el envío de refuerzos desde el Sur, pero implicaba también atacar por la zona con defensas más modernas y en un terreno donde era muy complicado el excavar las trincheras. Las tropas desplegadas por el Imperio francés, además, no eran, ni de lejos, las mejores del mundo. Tenían porcentajes muy elevados de reclutas poco fogueados, y, por lo tanto, con escasa capacidad de combate. Eran más multinacionales que otros cuerpos de ejército, y, por lo tanto, con dificultades de coordinación. Y la rivalidad entre sus mandos llevaron a la ofensiva prácticamente al fracaso en diversas ocasiones. A partir de agosto de 1809, habían sufrido tantas bajas y estaban tanto afectadas por las enfermedades que su capacidad de combate se redujo al mínimo -de manera que la situación se estabilizó en una especie de empate, en el que los defensores de la ciudad no tenían capacidad de romper el sitio, mientras que os atacantes tampoco podían arriesgarse a un nuevo asalto.

Los efectivos que defendían Gerona, por otra parte, eran bastante reducidos (en torno a 8.000 hombres en los momentos con más efectivos, por 38.000 soldados asediantes), muchos con poca experiencia de combate. Hubo, sin embargo, dos factores que jugaron a favor suyo. En primer lugar, los ejércitos atacantes tenían que ser siempre mucho mayores que los asediados (de tres a siete veces mayores), porque, como ya he dicho, en los asaltos en las ciudades se producía un gran número de bajas. En segundo lugar, entre las tropas que defendieron Gerona había un núcleo de tropas profesionales que fue suficiente para organizar la defensa, instruir a los novatos y enfrentarse, en los momentos decisivos, a aquellas unidades imperiales mejor preparadas. Esto no implica que contaran con el apoyo unánime de la población. Más bien, aparte de los convencidos (que también hubo, y no pocos), la “unanimidad” en la ciudad fue mantenida con mecanismos muy clásicos de disciplina militar -como aplicar la pena de muerte a cualquier desertor o “sedicioso”, incluidos aquéllos que simplemente manifestaban la voluntad de rendirse.

Finalmente, la historiografía tradicional suponía que los gerundenses “eran” -sin dudas ni vacilaciones de ningún tipo- valerosos y heroicos y que por eso resistieron todo tipo de penalidades en defensa de la ciudad. Los estudios de la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, han demostrado que la “capacidad” o la “determinación” de combatir dependen de un conjunto de circunstancias (como la selección previa de los soldados o la cohesión del grupo y la comunicación entre sus miembros) que en el caso de Gerona están aún por estudiar.

En definitiva, para explicar porque Gerona resistió tanto, lo mejor que podemos decir a estas alturas es que la ciudad no era tanto indefendible como se ha dicho y que la “determinación” de luchar se fundamentó en una combinación de elementos diversos, entre los cuales fueron fundamentales la existencia de una base social dispuesta a hacerlo, un núcleo de tropas profesionales y una disciplina estricta que eliminó cualquier intento de disidencia. Las evidentes carencias del ejército francés hicieron el resto.

Acabado este relato, nos puede asaltar una duda. ¿Si nuestros antepasados se convencieron de que la defensa de la ciudad fue un hecho heroico que había que recordar y celebrar, qué tenemos que hacer nosotros, que sabemos que todo fue mucho más complejo? ¿O peor todavía, no será traicionar su memoria analizarlos con ojos críticos, cuestionar su “heroísmo”, dudar de su entrega? Ésta es, desde mi punto de vista, una manera equivocada de enfrentarse al tema. Tenemos que recordar que toda narración mítica -cómo lo es la versión tradicional de los asedios de Gerona-, deforma la realidad para emocionar el lector y conseguir así su aprobación para unos hechos que, si se presentaran tal como son, quizás serían rechazados. Por lo tanto, la única manera de poder valorar razonadamente unos hechos es conocerlos tan bien como sea posible. Y ésta es la tarea que nos tenemos que proponer para este bicentenario. Si en otras épocas se deformó la realidad atribuyendo a todos los gerundenses comportamientos y valores en gran parte imaginarios, lo que hay que hacer ahora es difundir con rigor lo que sabemos y poner las bases para aumentar este conocimiento.

(nota: este corrige un error en el original: col. 4, línea 44, donde dice “agosto de 1808”, debe decir “agosto de 1809”)

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Quant a gbarnosell

Historiador; professor d'institut, col·laborador de l'Institut de Recerca Històrica de la Universitat de Girona i de L'Avenç
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3 respostes a Los sitios de Girona de 1808 y 1809

  1. Retroenllaç: Gerona inmortal « El tinglado de Santa Eufemia

  2. Isabel Martínez Arrabal ha dit:

    No estaría mal que nos despojáramos de las ideologías políticas (si ello fuera posible) para acercarnos a estos como a otros hechos históricos. Franquismo , Catalanismo y los políticos que celebraron el primer centenario, aquejados por la mala conciencia de lo que pasó en Cuba y Filipinas unos pocos años antes, han dejado, cada uno a su turno, su interesada deformaión histórica. Yo pienso que por encima de todo lo que hay que conmemorar (no celebrar….las masacres no se celebran) es la memoria de aquellas gentes que voluntariamente ( y con más razón la de los que lo hicieron sin voluntad) murieron en la defensa de su ciudad. Soportar tantos meses de asedio, por muy profesionales que fueran unos y poco los otros, me parece razón suficiente para calificar aquel asedio como “heróico”. No es cuestión de “patrioterismo”, sino de “humanidad”.
    A veces me duele el hecho de que en esta Península Ibérica donde nos ha tocado convivir un mismo destino no se valoren determinadas cosas que más allá de los Pirineos son reconocidas, sin dilación, por pura lógica.

    • gbarnosell ha dit:

      Estimada Isabel, no te quepa duda de que respeto como el que más la memoria de todos/as los/as que lucharon, sufrieron y murieron en Girona o en cualquier otro ámbito territorial de aquella guerra (o de cualquier guerra). Sin embargo, esto no tiene nada que ver con la historiografía en tanto que ciencia que pretender investigar el qué y el cómo del pasado. La función de la historiografía es entender lo que pasó; luego este pasado puede dolernos, enternecernos o lo que sea, pero esto no puede ser un obstáculo para enfrentarnos a él sin cortapisas. Una sociedad democrática comete, creo, un grave error si no es capaz de hacerlo.

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