Catalunya y el Estado Asimétrico

(Traducción del artículo aparecido en el diario catalán El Punt, 9/7/2008)

Uno de los argumentos más habituales en el debate actual sobre la financiación de las comunidades autónomas es que cualquier medida aplicada a una comunidad autónoma debe ser aplicable al resto. Las soluciones “asimétricas” -aquéllas que no son iguales para todo el mundo-, se dice, no son ni viables ni justas. Y sin embargo, el Estado español es verdaderamente asimétrico -en una situación que se justifica habitualmente con razones históricas, geográficas y políticas.

La más comentada de las asimetrías españolas es la del País Vasco y Navarra. Como señalaba orgullosamente el lehendakari Ibarretxe a raíz de la publicación, en el 2002, de la ley de renovación del concierto económico, “no existe en toda la Unión Europea, ni siquiera en los Estados de corte federal o de una mayor raigambre descentralizadora, ningún caso como el de la Comunidad Autónoma Vasca -y la Comunidad Foral de Navarra-, en el que unas entidades distintas de los propios Estados tengan capacidad para regular el conjunto de su sistema tributario y la práctica totalidad de las figuras impositivas que constituyen dicho sistema”. Es este un sistema de práctica “independencia fiscal” (en expresión del diario El País) que -continuando con lo que escribía el lehendakari- es justificado con argumentos historicistas: se trata de un “pacto” “bilateral” con “España” que reconoce una realidad histórica, una soberanía, anterior, no ya sólo a la Constitución sino al mismo “proceso de construcción unitaria de lo que hoy es el Estado español”. La referencia a Navarra no es casual. Allí el lenguaje es diferente. La web del gobierno navarro, en manos de la Unión del Pueblo Navarro – Partido Popular, se contenta en señalar que el “convenio económico” se hace entre Navarra y “el Estado” -y deja de lado, por lo tanto, la ficción que la comunidad autónoma no forma parte de España. Tampoco se insiste en la bilateralidad. Pero los argumentos de fondo son los mismos: el origen se encuentra en la ley, “paccionada”, de 1841 “mediante la cual el Viejo Reino se incorporó a la estructura del Estado conservando su capacidad para establecer sus propios tributos”, y la Constitución Española no hace más que “respetar” y “amparar” los “derechos históricos de Navarra”. Los resultados, también lo son.

Menos conocido, el régimen fiscal canario incluye un conjunto de incentivos fiscales que en su última renovación (2007) inyectarían a la economía canaria más de 7.000 millones de euros de beneficio fiscal y que, según Coalición Canaria, suponen “el máximo nivel de ayudas posibles en estos momentos, con mecanismos novedosos potentísimos” que “no tiene ningún otro territorio ni siquiera de Europa”. Según el Ministerio de Economía y Hacienda, es un sistema propio del “acervo histórico” de Canarias -es decir, que forma parte de un conjunto de bienes morales y culturales acumulados históricamente- y reconocido constitucionalmente, basado en la libertad comercial de importación y exportación, en la no aplicación de monopolios y en franquicias aduaneras y fiscales sobre el consumo. Asimismo, la “localización geográfica” de Ceuta y Melilla justifica, según el Ministerio de Economía y Hacienda, “un régimen fiscal especial” que, entre otras medidas, supone la bonificación del 50% de la cuota correspondiente a los rendimientos generados en las dos ciudades.

También podríamos hablar del curioso reparto de las competencias de educación. O de la existencia sólo en Catalunya y el País Vasco de policías autonómicas. Sin embargo, la otra gran asimetría la constituye Madrid. Ciertamente, en nuestro entorno cultural las capitales asumen papeles muy relevantes en todos los estados. Pero que eso sea habitual no quiere decir que sea “natural”. Al contrario, la cuestión es que las decisiones políticas favorecen a unas ciudades por encima de otras. Así, en Madrid se concentran las principales instituciones del Estado, disfruta de una tasa de ejecución de los presupuestos estatales elevadísima y francamente infrecuente en el resto de comunidades autónomas, continúa organizando las grandes infraestructuras en provecho propio, y, en tiempo de globalización y de terciarización, concentra buena parte de las sedes de empresas multinacionales, que ya no necesiten estar cerca de las materias primas o de la producción, sino cerca del poder para influir en él. Analizando la estructura radial de los trenes españoles del siglo XIX, que empezaban todos en Madrid, un gran historiador como Josep Fontana ha ironizado diciendo que estos trenes no podían llevar del centro otra cosa que ejemplares de la Gazeta (o sea, del BOE de la época). Ahora el TGV también se construye de la misma manera, pero Madrid ya no es la ciudad improductiva que era sino un gran centro económico con aspiraciones de ser uno de los nudos del mundo en red del siglo XXI, cuando Barcelona no puede ni soñarlo.

Aunque Catalunya continúa siendo un territorio dinámico que tiene grandes potencialidades, no está especialmente bien situada en este juego de asimetrías que constituye la España actual, aunque amplios sectores de la opinión pública y publicada piensen o quieran hacernos creer que piensan lo contrario. Como comunidad de régimen común, financía buena parte de la «solidaridad» del Estado. Pero no parece que el Estado español esté muy dispuesto a impulsar la multipolaridad económica, sino que en gran parte continúa apostando por la unipolaridad, centrada en Madrid, mientras que las reivindicaciones catalanas son cada vez peor vistas. Y nada de todo eso parece que tenga que cambiar a corto o medio plazo. ¿Sabrá, o podrá, Catalunya desarrollar los mecanismos necesarios para garantizar el bienestar de su ciudadanía y mantener su posición puntera, al menos en España?

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Quant a gbarnosell

Historiador; professor d'institut, col·laborador de l'Institut de Recerca Històrica de la Universitat de Girona i de L'Avenç
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