Tendències Historiogràfiques II (2): Marxismes

MARXISMES

Els recents debats que hi ha hagut en la historiografia britànica sobre alguns dels conceptes claus del marxisme (com ara els de classe i lluita de classes) són indestriables de la investigació existent sobre la història de les Illes britàniques, la política radical i les classes populars. Tot seguit anotem diversos fragments d’aquest debat. Descriu com ha evolucionat la perspectiva marxista sobre aquestes qüestions i relaciona aquesta evolució amb els debats citats (alerta! cal fixar-se bé en les dates i tenir en compte que s’estan discutint diverses qüestions).

(…) el contenido de esta renovada agitación [de 1833] era tal, que el voto en sí mismo implicaba “mucho más”, y éste era el motivo por el cual tenía que ser denegado (…) Para los trabajadores de esta y de la siguiente década, el voto era un símbolo cuya importancia nos es difícil de apreciar, al estar nuestros ojos enturbiados por más de un siglo de niebla de “política parlamentaria partidista”. Implicaba primero, égalité: igualdad de ciudadanía, dignidad personal, valía (…) Pero en el contexto de los años owenitas y cartistas, la demanda del voto suponía también demandas adicionales: una nueva forma de extender el control social de la población obrera sobre sus condiciones de vida y de trabajo. (E.P.Thompson, La formación de la clase obrera en Inglaterra, Barcelona, Crítica, 1989 [1963], vol.2, pp.449)

As well as the overall process of liberalization itself, there were in the years between 1790 and 1860 three major (and unique) changes in English social estructure. At the beginning of the century there was the development of what one might call “labour conscioussness”. As a result of the economic crises of the war years, one gets -for the very first time it seems- a major rupturing of capitalist autority systems and the continuing involvement of a large part of the labour force in economic struggle. Then, folowing renewed economic crises in the 1830s an 1840s, this “labour consciousness” seems to have been converted (at least in certain areas) into a form of class consciousness sufficiently convincing for Marx and Engels to use it as a basis for their own political analysis. Finally, in the late 1840s and 1850s -and as part of the fundamental modification of the socio-economic system hare called liberalization- one can trace the crystallization of an altogether new patern of social subdivision within the labour force (John Foster, Class Struggle and the Industrial Revolution, London, Weidenfld and Nicolson, 1975, pp.6-7)

[Como indica John Foster] indudablemente hubo una relación entre un cambio en el capitalismo británico y la decadencia de la lucha obrera (…) Pero los verdaderos factores que resolvieron la crisis [es refereix a la crisi de la dècada de 1830 i inicis de 1840, la superació de la qual hauria portat a iniciar el camí de la gran indústria i, per tant, el nou capitalisme al qual es refereix] deben ser diferenciados de la manera en que dicha resolución fue vivida por la gente (…) Para la clase obrera, los fracasos de la huelga de 1842 y de la manifestación de Kennington Common fueron derrotas desmoralizadoras (…) El fracaso general de las revoluciones de 1848 no hizo sino aumentar esta desilusión (…) Por encima de todo, ahora parecía asegurada la permanencia del capitalismo industrial (…) En este sentido, deberíamos tratar de comprender la decadencia de la lucha de clases tras el período cartista no sólo en función de la de la deserción de los dirigentes de la aristocracia obrera, sino también de la consolidación de una nueva estructura que incluia a la totalidad de los trabajadores en el contexto de la aparente inevitabilidad del capitalismo (…) Tampoco habría que exagerar las concesiones que acompañaron a la liberalización (Gareth Stedman Jones, Lenguajes de clase, Madrid, S.XXI, 1989 [article de 1975], pp.66-71)

(…) en casi todos los estudios sobre el cartismo (…) el punto focal de la investigación ha sido el carácter de clase del movimiento, su composición social, o (…) el hambre y la miseria de los que se pensaba que era la manifestación (…) [Sin embargo] el cartismo fue un movimiento político y los movimientos políticos no pueden definirse satisfactoriamente en términos de la ira o la disconformidad de unos grupos sociales descontentos o incluso de la conciencia de una clase determinada. Un movimiento político no es simplemente una manifestación de miseria y dolor; su existencia se caracteriza por una convicción compartida que articula una solución política a la miseria y un diagnóstico político de sus causas (…) Por eso la historia del cartismo no puede escribirse correctamente en términos de las quejas sociales y económicas de las que se afirma que era la expresión. Semejante enfoque no explica por qué esos descontentos adoptaron una forma cartista ni por qué el cartismo no continuó expresando los miedos y aspiraciones cambiantes de su electorado social en las nuevas circunstancias.

[Según los cartistas] el poder político es la causa. La opulencia es el efecto (…) [Después de las guerras napoleónicas, el radicalismo atribuyó] un origen político a un creciente número de calamidades económicas, y durante los treinta años siguientes consiguió resistir con cierto éxito a estos análisis rivales (…) Ante todo y sobre todo era un vocabulario de exclusión política (…) Por eso, aunque de facto se convirtiera cada vez más en propiedad exclusiva de las “clases obreras” durante las décadas de 1830 y 1840, esto no llevó a una reestructuración básica de la propia ideología. El radicalismo no se identificó con ningún grupo específico, sino con el “pueblo” o la “nación” frente a los monopolizadores de la representación y el poder políticos y por tanto el poder económico o financiero (…) El programa del cartismo siguió siendo creíble mientras se pudo atribuir de modo convincente a causas políticas el desempleo, los bajos salarios, la inseguridad económica y otras calamidades materiales (…) Si la retórica cartista era en teoría adecuada para agrupar a la oposición contra las medidas liberales de la década de 1830, estaba (…) mal pertrechada para modificar su postura en respuesta al nuevo carácter de la actividad estatal en la década de 1840 (…) [El nuevo reformiso del estado] resultó fatal paa la convicción y la autoconfianza del lenguaje del cartismo (…) Su ascensión y caída [del cartisme] han de ser relacionadas en primera instancia, no con los avatares de la economía, las divisiones en el movimiento o una conciencia de clase inmadura, sino con el carácter y la política cambiantes del Estado (…) (Gareth Stedman Jones, Lenguajes de clase, Madrid, S.XXI, 1989 [original de 1982], pp.89-92, 96-101 y 173-174)

(…) en contra de la caracterización esencialmente política con la que Stedman Jones nos presenta el cartismo, yo he descrito la evolución de un movimiento saturado de clase, un movimiento con ideas no sólo políticas (y culturales) sino económicas de la opresión y el conflicto de clase.

(…) los antagonismos económicos crecientes entre los trabajadores y los capitalistas durante el cartismo fueron un rasgo característico de un conjunto mucho más amplio de las divisiones y el sentimiento de clase (…) El conflicto de clase saturaba la vida no sólo dentro sino fuera del trabajo. (…) [Finalmente] hay que poner serias objecciones a la afirmación de Stedman Jones según la cual el carácter moderado del Estado desde principios y mediados de los años 1840 fue la clave del ocaso del movimiento. (Neville Kirk, “En defensa de la clase”, Historia Social, 12, 1992 [1987], pp.91-92, 96-97)

(…) there existed within Chartism an economic as well as a political language of class oppression and class conflict. Class also saturated both the patterns and commonsense of everyday life, of culture (…) As Dorothy Thompson has observed (…) “class domination was not confined to the work-place. All aspects of social life -dwelling-places, shops, drinking-places, recreational and instructional institutions, churches and and chapel seating- were segregated on class lines” (…)

As Stedman Jones has argued in relation to he legislation of 1840s, the state, in direct opposition to Chartist ideology, was no longer to be perceived as an implacable foe of popular interests and, contrary to Chartist predictions, reforms and improvements had been achieved prior to the enactment of universal manhood suffrage (…) Chartism had been gravely affected no only by the coercive actions of the state, but also by the latter’s softened visage and the movement’s ultimate failure to win the battle of ideas with the free-trade Liberals. (Neville Kirk, Labour and society in Britain and the USA, Aldershot / Vermont, Scolar Press, 1994, pp.139 i 189)

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Quant a gbarnosell

Historiador; professor d'institut, col·laborador de l'Institut de Recerca Històrica de la Universitat de Girona i de L'Avenç
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14 respostes a Tendències Historiogràfiques II (2): Marxismes

  1. ferran ha dit:

    ja està penjat

  2. A. Garcia ha dit:

    Ja he penjat el segon comentari.

  3. Segon comentari penjat.

  4. Pere Joan ha dit:

    Marxismes en marxa

  5. Dani Perez ha dit:

    Hola Genis, he penjat el comentari de recuperació sobre la memòria històrica al meu blog.
    http://danioloti.blogspot.com/2010/03/que-fer-amb-el-monuments-franquistes.html

  6. Clara ha dit:

    jo també he penjat el meu comentari de recuperació!

    http://clara-br.blogspot.com/2010/03/la-memoria-historica.html

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