2001: una odisea del espacio

Siempre me ha llamado la atención de esta película no la idea de los ordenadores volviéndose contra los humanos (que ya se ha convertido en un tópico) o el enigmático papel representado por el monolito, sino la violencia que protagoniza momentos esenciales del film. La violencia aparece como el primer escalón de la larga evolución que lleva a unos apáticos primates herbívoros a la humanidad actual (representada por naves espaciales, o quizás por misiles nucleares en órbita). Y la primera consecuencia de la autonomía mostrada por el superordenador HAL es, precisamente, también la violencia contra los humanos. No voy a aventurar interpretaciones de una película que parece hecha adrede para provocar múltiples visiones de la misma, pero, desde este punto de vista, la evolución aparece como una titánica lucha por la supervivencia en la que la violencia contra los demás es endémica. Vistas las múltiples guerras provocadas a lo largo de la historia humana y la saña con que ha exterminado (y extermina aún) a otras especies, tal perspectiva puede no parecer muy lejana de la realidad. ¿Sabrá la humanidad encontrar nuevas rutas más pacíficas por las que transitar?

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Quant a gbarnosell

Historiador; professor d'institut, col·laborador de l'Institut de Recerca Històrica de la Universitat de Girona i de L'Avenç
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2 respostes a 2001: una odisea del espacio

  1. jserna ha dit:

    Estimado Genís, comparto contigo la fascinación que me provoca ‘2001’. No se trata de decir que es una obra maestra: es que simplemente a mí me marcó. Para la gente de mi generación, la que pudo asistir al estreno, ese film coincidió con la llegada del hombre a la Luna. El Apolo XI, guau. Con diez añitos, yo estaba absolutamente absorto por una película que no acababa de entender pero que culminaba la carrera espacial, que tanto me interesaba.

    Dediqué muchas horas de mi vida a revisar el film y a tratar de entenderlo, con esas referencias nietzscheanas… Ahora, en su opulencia y desafuero aún lo estimo más. Para la gente de tu generación, ‘2001’ fue casi casi el acta de nacimiento. O sea, que entiendo que de algún modo marque a unas personas que crecieron con la fascinación de unas imágenes tan pomposas y sugerentes.

    De estas y de otras cosas, hablaré en Gerona el próximo día 19 de marzo: de 1969.

    Pero tu post trata de la violencia, de la mano. Te entrego un obsequio extemporáneo y pintoresco, una pieza de Engels que seguramente conocerás. Es un pasaje de ‘El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre’.

    “Para que la marcha erecta, en nuestros peludos antepasados, se convirtiera primeramente en regla y, andando el tiempo, en necesidad, hubieron de asignarse a las manos, entre tanto, funciones cada vez más amplias. También entre los monos se impone ya una cierta división en cuanto al empleo de la mano y el pie. Ya hemos dicho que la primera funciona, al trepar, de distinto modo que el segundo. La mano sirve, preferentemente, para arrancar y agarrar el alimento, función para lo cual ya los mamíferos inferiores se sirven de las patas delanteras. Con ayuda de la mano construyen algunos monos nidos en los árboles e incluso, como el chimpancé, techos entre las ramas para guarecerse de la lluvia. Con ella empuñan el garrote para defenderse contra los enemigos o bombardean a éstos con frutos y piedras. Y de ella se sirven, cuando el hombre los aprisiona, para ejecutar una serie de operaciones simples, aprendidas de él. Pero precisamente al llegar aquí se ve cuán grande es la distancia que media entre la mano incipiente del mono más semejante al hombre y la mano humana, altamente desarrollada gracias al trabajo ejecutado a lo largo de miles de siglos. El número y la disposición general de los huesos y los músculos son sobre poco más o menos los mismos en una y otra; pero la mano del salvaje más rudimentario puede ejecutar cientos de operaciones que a la mano de un mono le está vedado imitar. Ninguna mano de simio ha producido jamás ni la más tosca herramienta. Por eso tuvieron que ser, por fuerza, muy primitivas las operaciones a que nuestros antepasados fueron adaptando poco a poco su mano, a lo largo de muchos milenios, en el tránsito del mono al hombre. Los salvajes de nivel más bajo, incluso aquellos de quienes puede suponerse que se hallaban expuestos a recaer en un estado más bien animal, con una simultánea reincidencia en su contextura física, se hallan a pesar de todo muy por encima de aquellos seres de transición. Hasta que la mano del hombre logró tallar en forma de cuchillo el primer guijarro tuvo que pasar una inmensidad de tiempo, junto a la cual resulta insignificante el tiempo que históricamente nos es conocido. Pero el paso decisivo se había dado ya: se había liberado la mano, quedando en condiciones de ir adquiriendo nuevas y nuevas aptitudes, y la mayor flexibilidad lograda de este modo fue transmitiéndose y aumentando de generación en generación.

    Así, pues, la mano no es solamente el órgano del trabajo, sino que es también el producto de éste. Solamente gracias al trabajo, a la adaptación a nuevas y nuevas operaciones, a la transmisión por herencia del desarrollo así adquirido por los músculos, los tendones y a la larga también de los huesos y a la aplicación constantemente
    renovada de este afinamiento hereditariamente adquirido a nuevas operaciones cada vez más complicadas, ha adquirido la mano del hombre ese alto grado de perfeccionamiento capaz de crear portentos como los cuadros de Rafael, las estatuas de Thorwaldsen o la música de Paganini”.

    Marx-Engels, ‘Textos sobre la producción artística’. Madrid, Alberto Corazón, 1976, págs. 108-109.

    Abrazos, Justo Serna

  2. gbarnosell ha dit:

    Estimado Justo, efectivamente, 2001… es una de las películas que no olvidas, y que, como explicaba en el post, encuentro inquietante, más allá de las múltiples explicaciones que puede provocar. Por lo que respecta al texto, no lo había leído con la atención adecuada, puesto que mis lecturas de Marx-Engels se han concentrado en sus ideas sobre la revolución industrial. Releyédolo ahora creo que tiene que ver bastante con la idea, creo yo bastante apriorística, que situaba en el trabajo la distinción entre la humanidad y la animalidad. Más pesimista, sin embargo, debía ser Kubrick cuando imaginaba la guerra como consecuencia tan inmediata de la mano. Un abrazo; nos veremos en Girona.

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