¿Hacia dónde va Honduras?

El 28 de junio tuvo lugar la destitución y expulsión del país del presidente de Honduras, Manuel Zelaya. A principios de agosto publiqué un artículo en El Punt que analizaba la situación política de este país centroamericano. Lo fundamental es que me parece que, por mucho que se hayan calificado los hechos de “golpe militar”, este “golpe” es bastante más complejo que los tradicionales de la región, que cuenta con bastantes apoyos políticos y sociales en Honduras, y que en la dinámica de la región -caracterizada por el anti-americanismo del presidente de Venezuela, Hugo Chávez-, la administración Obama lo tiene bastante difícil, entre su proclamada voluntad de fidelidad a los procesos democráticos (que los “golpistas “han vulnerado si bien no siguiendo las pautas tradicionales ya que las instituciones democráticas hondureñas siguen funcionando) y la defensa de un presidente Zelaya que lo que buscaba era, precisamente, burlar una constitución hondureña muy rígida en todo aquello que hace referencia a la repetición de mandatos presidenciales.

Traduzco a continuación el artículo (El Punt, 5/8/2009) y añado al final unas reflexiones desde la perspectiva actual.

Ya hace un mes que el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue depuesto del poder por el ejército y expulsado del país -en Honduras, una república presidencialista, el presidente del estado, ejerce el poder ejecutivo y tiene por función dirigir la política general del estado, representarlo, vetar o sancionar las leyes surgidas del Congreso, y dirigir las relaciones internacionales. En los días siguientes detractores y defensores de Zelaya se enfrentaron en una discusión sobre la legalidad de tal acto.

Los defensores del presidente pusieron énfasis en su detención y expulsión, y, en gran parte, ganaron la primera partida al conseguir que la Organización de Estados Americanos, la Unión Europea y buena parte de la prensa internacional, calificara el hecho de “golpe militar” desde el primer momento. Pero los detractores del presidente han insistido en que los militares actuaban siguiendo una orden del Tribunal Supremo, que todas las instituciones políticas y judiciales hondureñas han continuado funcionando con normalidad, y que el sustituto de Zelaya, Roberto Micheletti, es un hombre de su mismo partido, el Partido Liberal. Visto desde esta perspectiva, el golpe no sería sino una defensa de la democracia ya que Zelaya estaba haciendo esfuerzos para perpetuarse en el poder, una posibilidad que la Constitución hondureña vigente prohíbe expresamente.

Más allá de estas disputas constitucionalistas -para la comprensión de las cuales hay que ser experto en el tema- otra cuestión afloró en seguida en artículos y foros de opinión: el alineamiento de Honduras con la Venezuela de Chávez. Esto es lo que, en definitiva, se estaría discutiendo -o al menos, así lo han interpretado muchos y así lo están viviendo, sobre todo en la propia Honduras.

Si Zelaya puede contar, al menos aparentemente, con las instituciones internacionales, influyentes sectores americanos han mostrado su aprobación por Micheletti -por ejemplo, The Wall Street Journal. Obama, por el contrario, condenó el golpe asegurando que no se volvería a un “pasado negro”, pero su administración no parece muy contenta con la teatralidad con que está actuando Zelaya. En Honduras hay división de pareceres. Y los días pasan y las negociaciones se estancan. ¿Hasta dónde llegará un bloqueo económico que afecta tanto a la misma Honduras como en los países vecinos? ¿Hacia dónde va Honduras?

Ahora ya ha pasado otro mes y acaba de fracasar una comisión negociadora de la OEA que se había desplazado a Honduras. Los contactos políticos parecen entrar en una vía muerta. En cuanto a las presiones económicas que recibe Honduras, la Unión Europea de momento ha congelado una parte de su ayuda al desarrollo, y los Estados Unidos una parte de su ayuda militar. Estas “congelaciones” hacen mucho daño al presupuesto hondureño pero no parece que de momento alteren la resolución de su gobierno. Por eso los partidarios de Zelaya piden más presión. Sin embargo, el bloqueo comercial de 48 horas a que El Salvador y Guatemala sometieron a Honduras justo después del golpe fue muy mal recibido por el empresariado de toda la zona por sus negativas consecuencias sobre toda la región. Críticas similares ha despertado el cierre de la frontera Nicaragua – Honduras a finales de julio, ya que algunas estimaciones (quizá interesadas) calculaban en 2 o 3 millones de dólares diarios lo que perdía Nicaragua en concepto de exportaciones por este hecho. Sin embargo, la decisión definitiva en cuanto a sanciones comerciales la tiene Estados Unidos, ya que gran parte de las exportaciones hondureñas van a este país. Pero, al menos de momento, la administración Obama no parece dispuesta a dar este paso. Obama está recibiendo presiones por todas partes. Desde fuera, se le tacha frecuentemente de “blando”. Pero dentro de EEUU, se le tacha a menudo de demasiado “duro”. Porque nadie (o casi nadie) olvida, en EEUU, que algunos de los que más gritan por la “restauración” de la democracia en Honduras, como Chávez, no sólo no son un gran ejemplo de democracia, sino que son, precisamente, los que querrían a los Estados Unidos fuera de la región -si bien un gobernante mucho más moderado como Lula también ha exigido a EEUU que se decida de una vez a aplicar sanciones comerciales. De ahí que la extrema prudencia -o, si queréis, lentitud- con que actúa Obama empiece a hacer pensar a los partidarios de Zelaya que EEUU no harán mucho para favorecer su retorno. EEUU, de hecho, han insistido en la necesidad de una salida negociada -o sea, que aceptan que el nuevo gobierno hondureño es un interlocutor válido al que hay que tener en cuenta- y pacífica, y han criticado Zelaya porque con su actitud, dicen, contribuye a polarizar a la sociedad hondureña y a hacer más difícil una resolución tranquila de todo el asunto.

Finalmente, no deja de ser todo un espectáculo que los que siempre han criticado el embargo a Cuba ahora lo quieran aplicar a Honduras, y que los que lo promueven en Cuba no quieran ni oír hablar del tema para Honduras. Y es que, en estas discusiones, lo que parece que menos importa es la democracia.

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Quant a gbarnosell

Historiador; professor d'institut, col·laborador de l'Institut de Recerca Històrica de la Universitat de Girona i de L'Avenç
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