Madrid 0 – Barça 2: tres comentaris

Entre les cròniques periodístiques sobre el partit del passat dimecres, 27 d’abril, cal destacar la del New York Times, que diu explícitament que s’estima més parlar dels gols de Messi que de les declaracions de Mou. Sobre aquest, es pregunta

quant de temps els mètodes de Mourinho seran tolerats al Reial Madrid,

i demana una “una investigació seriosa de la UEFA” sobre el seu comportament.

Sobre Messi

The first goal, after 76 minutes, was a quick, darting action worth more than all the negativity that had spoiled the match to that point. Messi had appeared to run into a blind alley as he lost the ball when surrounded by four opponents outside the Madrid penalty box.

But while the defenders relaxed, Messi kept running. His colleague, the substitute Ibrahim Affelay, spotted that movement and played an excellently weighted pass toward the near post. Messi pounced on it and volleyed in his 51st goal of the season.

To score once in the Bernabeu was a joy, to do it twice beyond expectation — even for Messi. But Messi, a diminutive Argentine with gargantuan talents, danced his way through a startled, exhausted Real once more before the final whistle.

Real had six defenders between Messi and the net when he received the ball from a crafty, nonchalant flick from Xavi Hernández. What followed was pure Messi, pure genius. The first opponent to him, Lassana Diarra, attempted to block him with a body check. Messi felt the contact but wriggled away.

The next challenger, Álvaro Arbeloa, failed to make contact with Messi or the ball. And the next, the Brazilian fullback Marcelo, was simply outpaced as Messi rushed past him, the ball a magnet to Messi’s feet. Then, the coup de grâce, Messi pulled goalkeeper Iker Casillas toward him and stroked the ball along the ground inside the far post.

Two magic moments, from a magician in soccer shoes. Everyone by now knows what Messi is capable of doing, but knowing it and preventing it are poles apart.

Those goals transcended a night of seething, spiteful, dreadful spectacle.

A Madrid, malgrat els clams per la targeta vermella, també hi ha reflexió:

Injusticia. Es bueno dejar constancia de la injusticia arbitral, penosa para el deporte y el espectáculo, pero también es saludable constatar el cobarde planteamiento de Mourinho. Del mismo modo, hay que recriminarle su propia expulsión, inexplicable en un técnico de tanta experiencia y tan urdidor. Algo tuvo su protesta de inmolación personal y colectiva, de abandono del barco cuando todavía estaba a flote (…) Cuando un equipo se entrega al empate durante tantos minutos se expone a un error propio, a un acierto ajeno, a un meteoro, a una mariposa que aletea en Singapur o a un árbitro alemán de apellido Stark (As)

És clar que dit així sembla que l’expulsió va baixar del cel. El País ho explicava prou bé:

En la concentración, las consignas del Mourinho encerraron una contradicción: había que frenar al Barça con fuerza en el cuerpo a cuerpo, pero al mismo tiempo había que tener un cuidado extremo con el árbitro, el alemán Wolfgang Stark. Creía el técnico que los jueces de la UEFA iban a ser más rigurosos que los de la Liga española. Entiende Mourinho que los árbitros españoles son más proclives al diálogo y menos tarjeteros a la hora de castigar el juego duro. Esto implicaba una carga extra para los apercibidos de sanción: Albiol, Ramos, Cristiano y Di María.

La tarea que encomendó el entrenador a sus jugadores encerraba riesgos muy difíciles de controlar: jugar sin balón, ir fuerte, y no recibir tarjetas. La tarea resultó imposible para Ramos, que arrastró a Messi cuando lo encaró en la segunda parte. También fue una misión insuperable para Pepe.

El defensa central brasileño, reconvertido en medio centro de largo recorrido por Mourinho, ha sido la gran ocurrencia táctica del entrenador madridista esta temporada. Pepe fue uno de los héroes de la Copa y tuvo un papel distinguido en el último clásico de Liga. Ayer, sin embargo, el hombre pagó el terrible desgaste físico que había hecho en las dos últimas semanas. Cuando comenzaba la segunda mitad le metió un plantillazo injustificable a Alves, le pegó en la espinilla, y lo hizo dar una vuelta de campana. El árbitro le mostró la roja directa. Quizás fue excesivo. Pero Pepe estaba avisado. Mourinho se lo había advertido.

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Quant a gbarnosell

Historiador; professor d'institut, col·laborador de l'Institut de Recerca Històrica de la Universitat de Girona i de L'Avenç
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