Los sitios de Girona durante la Guerra de la Independencia (1808-1809): más allá del mito

Un artículo publicado en Historia Social que analiza las sorprendentes continuidades en las narrativas que analizaron los sitios de Girona a lo largo de los siglos XIX y XX.

Genís Barnosell, “Los sitios de Girona durante la Guerra de la Independencia (1808-1809): más allá del mito”, Historia Social, 71 (2011), pp.3-19.

He aquí las conclusiones:

Un análisis como el que he intentado llevar a cabo demuestra, a mi parecer, la adecuación del concepto de mito aplicado a las narrativas hegemónicas de los sitios de Girona en los siglos XIX y XX. Éstas aportaban una explicación sencilla de cómo, superando todas las carencias materiales, un puñado de hombres y de mujeres consiguió algo muy cercano al éxito. El instrumento de superación de estas dificultades fue la intervención divina en las versiones de primera hora (tesis providencialistas que pronto entrarían en crisis) y, muy rápidamente y como fruto de la secularización de éstas, un concepto tradicional del coraje que lo imaginaba como un stock en posesión de los elegidos, muy lejos de los análisis actuales acerca de la complejidad de la determinación o voluntad de las tropas en el combate. De lo que se trataba era de conseguir la adhesión sentimental del lector, objetivo que redundaba en favor de los elogios de los gerundenses y de la épica y en menoscabo de la calidad de los análisis e incluso de las descripciones de los hechos, como hemos visto que justificaba Gómez de Arteche. La revisión radical de las narrativas tradicionales, sin embargo, no debe hacerse desde la inquina, el menosprecio de ellas o una supuesta superioridad moral, sino desde lo que es propio de nuestra profesión: la restitución de la historicidad de lo analizado.

Restitución de la historicidad de la propia narrativa mítica, que debe ser considerada no una descripción o análisis de los sitios sino una interpretación de los hechos realizada desde unos parámetros que lo que pretendían era, sobre todo, actuar políticamente en la realidad, ya fuera para conseguir mantener la moral en el combate, construir la nación española o cualquiera de los otros objetivos que a lo largo de dos siglos se plantearon los diferentes proyectos políticos y culturales que hicieron suya dicha narrativa –puesto que, debe insistirse en ello, la maleabilidad del mito a la hora de señalar las motivaciones de los gerundenses permitió su apropiación por parte de autores y movimientos políticos y culturales muy diversos. La permanencia secular de una narrativa tan claramente simplificadora e idealista y la imposibilidad de autores competentes como Gómez de Arteche o Rahola para reescribirla es, pues, un indicio claro de su potencia cultural.

Explicar con detalle cómo y porqué fue apropiado por quien y en qué momento más allá de las indicaciones realizadas en el ensayo de cronología que he realizado debe formar parte de otros artículos, pero pueden señalarse algunas características generales que sin duda contribuyeron a la larga permanencia del mito. En primer lugar, la paradoja entre los escasos recursos y la resistencia ofrecida no era original sino que era una explicación aplicada al conjunto de la guerra, como ya sentenciara Muñoz Maldonado: “la fortaleza y patriotismo de los españoles en guerra tan desigual, en que sin gobierno y sin recursos humillaron al primer soldado del mundo, dando la seña de libertad á la esclavizada Europa, ofusca á cuanto de grande y sublime refiere la historia de las Repúblicas griegas y de la antigua Roma”. Y como si de un juego de muñecas rusas se tratara, no era otra la explicación de multitud de batallas, encontronazos o asaltos que se dieron a lo largo de la guerra o en los mismos sitios de Girona, como ilustra perfectamente el asalto del 19 de septiembre, en el que la historiografía tradicional pone el énfasis en las grandes brechas abiertas en la ciudad y en la multitud de asaltantes, fiando una vez más al coraje la suerte de los gerundenses. En segundo lugar, la divinidad y el coraje como herramientas de superación de las carencias materiales eran un topos bastante común de la literatura militar, y no sólo de la española, de manera que cuando en el conjunto de España o en Girona se apelaba a estas explicaciones no se hacía sino apelar a explicaciones bien asentadas en el horizonte cultural del momento. Establecida la narrativa, el heroísmo supuestamente demostrado por los gerundenses (o por Álvarez de Castro, que los sustituyó) pasaba a ser un modelo de comportamiento para ser imitado en las más diversas circunstancias. De ahí que durante la Guerra Civil del siglo XX, su ejemplo pudiera ser apropiado tanto por el comunismo como por los nacionales.

Si debe restituirse, pues, la historicidad del mito, su análisis puede contribuir decisivamente a restituir la historicidad de los propios sitios de Girona y avanzar en su análisis, superando viejos debates como el de la locura o heroicidad de Álvarez de Castro. Desde este punto de vista he querido defender que el análisis histórico de los ejércitos, las oportunidades y dificultades que ofrece la geografía, los códigos de honor y de comportamiento existentes, o los múltiples mecanismos desarrollados a lo largo del tiempo para mantener la motivación y la capacidad de combate, incluidas, por supuesto, las motivaciones de tipo político o religioso, parecen ser un camino provechoso para la historiografía. Aplicado al caso gerundense nos encontramos con diversos elementos que parecen indispensables en una explicación del largo sitio de 1809. Girona era una pequeña ciudad con un sistema defensivo no suficientemente modernizado pero cuyos defensores podían suplir, al menos en parte, dichas carencias con algunas ventajas proporcionadas por la geografía. Ante esta ciudad se estableció un ejército de cerca de 35.000 hombres que tendría que haber sido suficiente para asaltarla (aunque lo sitiadores siempre necesitaban muchos más hombres que los sitiados) si casi la mitad de estos hombres no hubiera tenido que ser dedicada durante meses a “limpiar” el hinterland gerundense de partidas enemigas e incluso a proteger el propio sitio de estas partidas. Las prisas, las disputas entre su oficialidad y los errores cometidos, su menosprecio por la capacidad militar española, el carácter excesivamente multiétnico de las tropas, el número de novatos, las dificultades de aprovisionamiento y las fiebres, aumentaron las dificultades del asediador más allá de todo lo imaginable y ofrecieron oportunidades para la resistencia a los defensores. Éstos podían oponer poco más de 5.000 hombres y una parte de una población que se acercaba a los 10.000 habitantes -imposible actualmente precisar cuántos de estos habitantes huyeron de Girona y cuántos de las cercanías se refugiaron en ella. Con una base social suficientemente amplia decidida para la defensa, un núcleo de tropas profesionales capaz de organizarla, una bien dirigida tarea de reconstrucción de las murallas, una intensa acción de propaganda para difundir los motivos de la lucha, una disciplina férrea para ahogar toda intención de rendirse, y un imaginario mental en el que la creencia en los milagros de San Narciso y las ideas milenaristas eran esenciales para sostener la moral, las élites gerundenses con Álvarez de Castro a su cabeza, decidieron resistir a toda costa, sumándose a los múltiples ejemplos históricos que muestran las enormes bajas que sufre un ejército atacante cuando se enfrenta a defensores de este tipo.

Si el modelo de ciudad y sus defensas y la escasez de recursos humanos de Girona no era excepcional en la época, sí que lo fue su larga resistencia en el asedio de 1809, puesto que la mayoría de sitios ocurridos en la Península Ibérica en 1807-14 no superó el mes, y raramente los dos meses y medio. Dejando a parte el sitio de Cádiz, ésta fue la excepcionalidad del sitio de Girona en el contexto de la Guerra de la Independencia, como en Zaragoza lo fue el combate casa por casa en lo que según un cronista ochocentista constituía “un nuevo modo de tomar las plazas”. Espero haber demostrado para el caso gerundense que las explicaciones tradicionales son absolutamente insuficientes para explicar este tipo de resistencias y que debe avanzarse sin duda hacia explicaciones más complejas.

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Quant a gbarnosell

Historiador; professor d'institut, col·laborador de l'Institut de Recerca Històrica de la Universitat de Girona i de L'Avenç
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