Iraq i el patrimoni cultural (1991-2004)

Un dels grans escàndols de destrucció del patrimoni cultural dels darrers anys ha sigut el que va tenir lloc a l’Iraq.

El cas més conegut de la destrucció del patrimoni cultural de l’Iraq en el context de les guerres del Golf (1990-91, o sigui invasió de Kuwait per l’Iraq i posterior intervenció nordamericana) i de la Segona Guerra del Golf (2003) i la seva llarga post-guerra, va ser el saqueig del Museu de l’Iraq a Bagdad, que va tenir lloc entre el 8 i el  12 d’abril, una vegada que els conservadors havien abandonat l’edifici i malgrat la presència de tropes nord-americanes que no semblen haver fet res per protegir el Museu. El resultat va ser un conjunt fonamental de peces desaparegudes de les vitrines d’exposició a més de quasi 14.000 peces desaparegudes dels magatzems. A finals de 2004 en continuaven desaparegudes vora 10.000 i segons informacions d’abril de 2013 se n’haurien recuperat una mica més d’una quarta part de les originalment desaparegudes -o sigui, poques més de les que es recuperaren en l’any posterior al saqueig. La minuciosa destrucció de l’àrea administrativa del Museu revela que es tractava de professionals que buscaven de fer desaparèixer qualsevol pista sobre les peces per a ser venudes amb comoditat en el mercat internacional.

El cas del Museu de l’Iraq, però, no és més que el més cridaner del que va passar a l’Iraq. Per una banda, van ser saquejats museus provincials i llocs arqueològics. Per altra, l’assalt no era sinó la culminació d’una dècada de penalitats sofertes pel patrimoni cultural de l’Iraq.

Com explicava el 2004 Joaquín María Córdoba, l’assalt al Museu de l’Iraq no era pas el més greu dels danys infringits al patrimoni de l’Iraq,

Mucho más grave es que durante doce años [de 1991 a 2003], el vaciado de varios museos provinciales, el despojo organizado por las mafias internacionales en miles de yacimientos
arqueológicos, y la degradación sistemática de los bienes custodiados en almacenes sin condiciones ni posibilidades de restauración por causa del embargo sobre cualquier tipo de producto químico, ha contado con la connivencia tácita de organismos internacionales llamados justamente a prevenir estos efectos. Durante doce años, publicaciones y esfuerzos
diversos han sido ignorados o silenciados. Dejación de responsabilidades, cinismo político y cobardía moral han permitido la inundación del mercado internacional de antigüedades mesopotámicas con piezas de procedencia ilegal, y animando así la osadía de los traficantes, se ha abierto la puerta a la catástrofe. Si finalmente ésta no ha llegado a producirse en la
magnitud temida ello se debe sólo al heroísmo y la valentía de los conservadores y empleados del Iraq Museum. La probada incapacidad de la justicia internacional y la impunidad del tráfico ilegal nos impone a los especialistas una acción pública y profesional de continuada denuncia en defensa del patrimonio de Iraq y de toda la humanidad (…)

En 1991, a poco de finalizar la llamada Guerra del Golfo, el gobierno iraquí remitió
al Director General de la UNESCO una carta relativa a las pérdidas sufridas en el
patrimonio histórico y cultural como consecuencia de la guerra, los saqueos producidos por
los conflictos internos habidos en las semanas inmediatas a la finalización del conflicto y
las consecuencias primeras del embargo. Además de hacer balance de los daños sufridos en
trece museos que precisaban restauración y reordenación de materiales, la destrucción de
seis biliotecas científicas, el robo de antigüedaes en al menos un yacimiento singular y en
nueve museos (cinco de ellos saqueados en todos sus fondos), los daños producidos por los
bombardeos en ocho sitios arqueológicos y edificios monumentales, en ocho barrios y áreas
históricas y los ocasionados en otros tres por los motines al norte y al sur, la carta pedía la
ayuda internacional para la restauración de monumentos y en la recuperación de los bienes
culturales robados. Hay que señalar que los organismos internacionales a los que se pidió apoyo se abstuvieron de enviar ningún tipo de comisión investigadora, ni materializar ningún tipo de ayuda, paradójica conducta que fue señalada en escasos medios de información (…)

Al tiempo, el agravamiento de las condiciones económicas y sociales de Iraq, como consecuencia directa del embargo, iba destrozando los resortes del estado, la vertebración social y los valores morales. En 1994 empezó a dispararse el saqueo clandestino de cientos de yacimientos arqueológicos excavados o sin excavar, además del de recintos en estudio o preparados para la visita, en los que los saqueadores se atrevían incluso a arrancar relieves o fragmentos de esculturas exhibidas in situ. La penuria económica encontró una perversa alianza con bandas organizadas de traficantes, que aprovechaban la porosidad de las fronteras y la condición de paria internacional que el gobierno iraquí estaba entonces sufriendo, empezaron a canalizar un río de materiales arqueológicos hacia el comercio ilegal de obras de arte. Comenzaba entonces la impunidad del crimen organizado y se acentuaba la dejación irresponsable de los organismos internacionales llamados a combatirlo (…)

En ese y en los años inmediatos, la situación tendió a empeorar, y la osadía de los
traficantes crecía al tiempo que la indefensión de las autoridades. En 1994, Mr. Haddad,
guarda de yacimiento de Larsa, fue asesinado por los saqueadores. En el mercado de
Londres se detectaron fragmentos de relieves asirios y, en general, miles de tablillas,
esculturas, fragmentos de relieves y obras diversas comenzaron a inundar los comercios de
los países receptores. (…) Algo después, con la adopción del programa “Petróleo por alimentos”, la situación empezó a mejorar en cierta medida. Igualmente, la reanudación de investigaciones arqueológicas iraquíes y europeas mejoró la protección de zonas antes completamente abiertas al saqueo. (…) Todo esto, aunque importante para la defensa de la riqueza arqueológica y la lucha contra el saqueo, no resultaba decisivo, pues la porosidad de las fronteras, la existencia de áreas fuera del control gubernamental al norte y al sur del país y la impunidad del comercio ilícito internacional y sus redes permitían la continuidad del expolio (…) Otro de los efectos ignorados del embargo al que se ha sometido a Iraq durante doce años es la degradación paulatina del patrimonio arqueológico custodiado en los museos. Durante más de una década, las condiciones del embargo han impedido la importación de cualquier tipo de producto químico necesario en la restauración, como acetonas, alcoholes, disolventes, resinas, etc. Se trata de un problema también escasamente conocido, a pesar de su referencia en algunas publicaciones, y que ha afectado a cientos de manuscritos y objetos de marfil, metal, vidrio y cerámica, tejidos y tablillas, etc. etc. La responsabilidad es del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, desde luego, pero no hay que olvidar que como el pasado mes de octubre me aseveraba personalmente un responsable del Iraq Museum, durante estos doce años la UNESCO no ha remitido a Iraq ni una sola comisión indagatoria para conocer los problemas y necesidades del patrimonio cultural iraquí, y que en el caso de los permisos de importación visados por Naciones Unidas o sus agencias, la misma institución sólo ha dado el visto bueno a un 2% de todo lo necesario para la restauración y actividades diversas de la State Board of Antiquities of Iraq (…)

La opinión pública internacional apenas si ha conocido de todos estos hechos más que breves e inconexos retazos. Durante doce años, una verdadera conjura de silencio, una auténtica autocensura ha cerrado la boca de los más prestigiosos medios de información, convirtiéndose así en cómplices de un verdadero crimen contra el patrimonio de la humanidad. Y los reportajes bien intencionados, como el publicado el año 2001 en la
revista Science (Vol. 293, No. 5527), se han perdido en la ruidosa actualidad del mundo de la masiva información cuidadosamente desinformada. En este panorama de cobardía política e informativa, la lasitud moral y la dejación de responsabilidades de las instituciones internacionales han envalentonado a los beneficiarios del tráfico internacional de antigüedades, impunes durante doce años, lo que explica en parte la audacia arrogante
del asalto al Iraq Museum, organizado en abril de 2003.

Un article publicat el juliol de 2005 a l’American Journal of Archaeology per Matthew Bogdanos, coronel de marines amb un post-grau en estudis clàssics que va dirigir les primeres investigacions americanes sobre el robatori, exonera les forces americanes de qualsevol responsabilitat, acusa membres del propi staff del museu de col·laborar amb els lladres i desmenteix xifres exagerades de peces robades que s’havien popularitzat en els primers moments (170.000). Més concretament, diu també que entre el 8 i el 12 no hi va haver treballadors del Museu en el seu interior, que les tropes americanes no en van prendre el control fins el 16; que entre el 8 i el 10 al museu hi havia tropes iraquianes amb armes contra-carro (contravenint les convencions internacionals que manen la desmilitarització dels béns culturals)  i que els robatoris van tenir lloc sobretot entre l’11 i el 12, abans del retorn de l’staff del museu i quan aquest estava sota el control de tiradors no identificats. Accepta que les tropes americanes van fallar en no prendre possessió immediata del Museu quan van ser requerits, el 12, per l’staff del museu.

Al capdavall, tanmateix, accepta el nombre de peces robades (14.000-15.000), que almenys una part dels lladres eren professionals i que haurien sigut els que haurien robat les peces més preuades (si bé indica que el grau de destrucció de l’administració del museu era semblant al d’altres institucions) i augmenta la xifra de peces recuperades una mica per sobre de les esmentades abans (les xifra en més de 5.000 a l’alçada de 2005).

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Quant a gbarnosell

Historiador; professor d'institut, col·laborador de l'Institut de Recerca Històrica de la Universitat de Girona i de L'Avenç
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