Reales sucesiones: la ilusión monárquica

Cuando hoy por la mañana se ha conocido la abdicación de Juan Carlos I, rey de España,  la prensa se ha hecho eco de ello de inmediato. Pero mientras la prensa internacional no deja de poner énfasis en la pérdida de popularidad de la monarquía, buena parte de la prensa española prefiere la loa del futuro Felipe VI. Textos de hoy que recuerdan otros momentos históricos, en una dinastía en la que el ciclo esperanza – decepción – esperanza parece recurrente. 

1808-1814

[La imagen optimista de Fernando VII durante la Guerra de la Independencia se había fraguado con anterioridad] Durante varias campañas de opinión, los fernandinos presentaron a Fernando como la única esperanza de acabar con Godoy (…). Frente a un poder en decadencia a causa de la debilidad del rey [Carlos IV, padre de Fernando], frente al despotismo ministerial ejercido por Godoy (…), Fernando debía aparecer como la solución a los males de España. Ese fue el origen de una expresión que tendría mucho éxito en mayo de 1808: ‘Fernando, el deseado'” (Richard Hocquellet, Resistencia y revolución durante la Guerra de la Independencia, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2008, p.32)

1833

Isabel [había llegado] al mundo en un país donde los liberales llevaban más de 20 años pugnando por vencer la resistencia el absolutismo representado por [su padre] Fernando VII (…) La figura de la reina niña [3 años en 1833], “la inocente Isabel”, comenzó a ser identificada simbólicamente con todas las esperanzas de cambio y de libertad frustradas desde las Cortes de Cádiz y el Trienio Liberal de 1820-1823″ (Isabel Burdiel, Isabel II, Taurus, 2010, p.28 y 35-36)

1868

[Isabel II, antaño] el ángel de la libertad, la hija y la madre de la nación, se había convertido en un monarca oriental y en el alter ego femenino de su padre, el rey felón (…) [El] 30 de septiembre de 1868 (…) una revolución largamente anunciada obligó a la familia real española a cruzar la frontera francesa camino del exilio; [esta etapa] concluyó el 25 de junio de 1870, cuando Isabel II abdicó en su hijo Alfonso”  (Isabel Burdiel, Isabel II, Taurus, 2010, p.800 y 812) -la monarquía fue restaurada en la persona de Alfonso XII en 1875 después de breves gobiernos provisionales posteriores al golpe de Pavía; moriría en 1885, siendo substituido por Alfonso XIII, quien abdicaría en 1931, perdida toda popularidad.

2014

Désigné comme dauphin par Francisco Franco, Juan Carlos était monté sur le trône à la mort du dictateur, en novembre 1975, bâtissant sa popularité sur sa capacité à mener la transition démocratique. Le roi s’était imposé comme le héros de ce moment de l’histoire, le 23 février 1981 (…) Sa fin de règne aura cependant été marquée par une chute de popularité en raison de la multiplication d’affaires touchant la famille royale : un détournement présumé de fonds publics par le gendre du roi, Iñaki Urdangarin ; la partie de chasse à l’éléphant à laquelle Juan Carlos participa au Botswana ; ou encore l’existence d’une mystérieuse « amie » du roi, l’ancienne princesse allemande Corinna zu Sayn-Wittgenstein (Le Monde, 2/6/2014, 10:36)

For much of his reign, Juan Carlos was seen as one of the world’s most popular monarchs, but recently many Spaniards have lost confidence in him. His reputation has been tarnished by a long-running corruption investigation into the business dealings of his daughter and her husband. King Juan Carlos, 76, has had health problems in recent years. Support for the king fell further when it was discovered he had been on a lavish elephant hunting trip to Botswana in April 2012, in the middle of Spain’s financial crisis (BBC, 2/6/2014, 11:40 GMT)

King Juan Carlos’s reign in Spain ends amid falling popularity and bungling. Abdication is humiliating end to four decades on throne, despite king being viewed as having made a great contribution to Spain (The Guardian, 2/6/2014)

Hoy, España necesita renovación y el gesto del Rey, clamoroso, imprevisto, valiente, invita a todos los estamentos y fuerzas en presencia a favorecer esa renovación, invocada con mucha fuerza en el discurso de renuncia. España ha cambiado. Y España se halla ante dificultades totalmente imprevistas, hace apenas unos años. El Rey ha tomado nota y ha obrado en consecuencia. He ahí un golpe de timón. Un bello golpe de timón. Sin resonancias conspirativas, esta vez. Una decisión lúcida, enérgica y valiente, que invita a todo el país, sin excepción, a reflexionar y afrontar el futuro con voluntad reformista, con flexibilidad y con apertura de miras (…) La abdicación del Monarca propicia un nuevo paradigma: tiempo de renovación, tiempo de flexibilidad, tiempo de integración. Desde este punto de vista estamos convencidos que se abre la puerta para una inteligente reforma de la Constitución de 1978 (La Vanguardia, 2/6/2014).

En la línea de lo que han empezado a hacer otras casas reales europeas, que tampoco esperan a la muerte del monarca para proceder al relevo, don Juan Carlos abdica porque es plenamente consciente de la necesidad de un cambio en la Jefatura del Estado. El Rey sabe muy bien que esta no pertenece a la familia real, sino a los españoles: por eso ha preparado el relevo y se aparta voluntariamente, cuando se necesita una etapa de transformaciones —entre otras, una reforma constitucional— bajo el arbitraje y la moderación de un nuevo jefe de Estado, el príncipe don Felipe de Borbón, cuya edad, 46 años, se encuentra mucho más cercana a la media de los españoles de hoy, y a quien por ello cabe suponer mucho más próximo a su sensibilidad (El País, 2/6/2014)

A su favor, Felipe VI llegará además al trono como el miembro de la casa real -junto con su madre- mejor valorado: el 66,4% de los españoles tiene una opinión positiva del príncipe. Discreto y más reservado que su padre (aunque amante del deporte como buen Borbón), el hasta ahora heredero llevaba preparándose para el trono desde su infancia (El Mundo, 2/6/2014).

Acabem recordant, en canvi, l’article que The New York Times va dedicar a la fortuna del monarca i a la seva popularitat minvant el setembre de 2012:

Europe’s economic crisis has politicians and struggling taxpayers from Belgium to England openly weighing the costs of subsidizing royals. Unlike other European monarchs, Juan Carlos came to the throne after the death of the dictator Gen. Francisco Franco in 1975 with virtually nothing, and has worked hard to generate his own fortune beyond the annual 8.3 million euro budget, or $10.7 million, bestowed on the palace by the Spanish government.

The king is widely valued in business circles for acting as a sometime deal maker and economic ambassador for his nation, but how he has amassed his substantial personal wealth remains secret. The Spanish royal family’s wealth has been estimated at up to $2.3 billion, a sum that supporters contend was inflated by the inclusion of government properties.

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Quant a gbarnosell

Historiador; professor d'institut, col·laborador de l'Institut de Recerca Històrica de la Universitat de Girona i de L'Avenç
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