¿Por qué ha abdicado Juan Carlos I?

Una hipótesis que creo razonable.

Leamos uno de los muchos panegíricos que estos días se han publicado sobre Juan Carlos I:

La Transición política es, sin duda, la gran obra de Su Majestad el Rey. La transformación del régimen autoritario que heredó del general Franco el 20 de noviembre de 1975 en uno democrático en tiempo récord, sin rupturas –«de la ley a la ley», en palabras de Torcuato Fernández Miranda–, demostró no solo a los españoles, sino a todo el mundo, la capacidad, inteligencia, cintura, valentía y audacia de una persona que para la mayoría era un desconocido y que en el resto provocaba recelos por haber recibido el poder de manos del dictador (…) En su primer mensaje a las Cortes, el 22 de noviembre de 1975, Don Juan Carlos dejó claras sus intenciones: «Deseo ser capaz de actuar como moderador, como guardián del sistema constitucional y como promotor de la justicia (…) Un orden justo, igual para todos, permite reconocer dentro de la unidad del Reino y del Estado las peculiaridades regionales (…) La Corona entiende como deber fundamental el reconocimiento de los derechos sociales y económicos (…) que permitan un ejercicio efectivo de todas las libertades» (…) El 29 de diciembre de 1978, reunidas las Cortes en sesión solemne, Su Majestad el Rey sancionaba la Constitución que le reserva el papel de símbolo de la unidad de España, árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones y representante del Estado en las relaciones internacionales, además de jefe supremo de las Fuerzas Armadas (…) El 23 de febrero de 1981, con un Gobierno y unas Cortes secuestradas por un grupo de guardias civiles y una Región Militar, la de Valencia, en manos de los militares, el Rey tomó las riendas de la nación y con pulso firme y una inteligencia y valentía fuera de lo común acabó con la intentona. Lo hizo, además, desde el respeto más absoluto a la Constitución, de la mano del poder político legítimamente constituido.

El texto es de ABC, pero en su contenido esencial podría ser de casi cualquier otro periódico: de La Vanguardia, de El Mundo, de El País, de El Periódico… El consenso oficial es casi total (en otras circunstancias se le llama pensamiento único): garante de la democracia y de la igualdad entre todos los españoles, símbolo de la unidad de España, garantía de cambio responsable y de estabilidad… Estos son los valores que en España quiere encarnar la Monarquía.

Pues bien, si de eso se trata, es evidente que la figura de Juan Carlos I está agotada. Fuera cuál fuera su papel en la transición y el 23-F (punto sobre el que hay más opiniones que las oficiales), la cacería de elefantes, los escándalos fiscales de su familia, o su fortuna, han llevado la popularidad del rey y de la monarquía a mínimos históricos. Más aún: su quebrada salud no sólo le impide llevar con normalidad su agenda sino que más bien el monarca parece (a pesar del photoshop de algunas fotografías) la imagen viva del agotamiento del régimen de 1978. El príncipe, en cambio, se presenta como alguien (relativamente) joven, bien preparado y sin los escándalos que han acechado al resto de la familia. Así, las portadas de los periódicos podrán volver a parecerse al Hola!

Que después de este lavado de cara vengan reformas, es otra cuestión bien distinta.

Lavanguardia

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Quant a gbarnosell

Historiador; professor d'institut, col·laborador de l'Institut de Recerca Històrica de la Universitat de Girona i de L'Avenç
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